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Educación Ambiental

por Miguel Bahiense

Solo la educación ambiental permite la transformación de nuestro comportamiento y la correcta visión ambiental sobre el plástico. Muchos ponen su energía en demonizar al plástico. Energía que debe ser canalizada a procesos de educación, que es productivo y racional. El problema existe y no queremos ver al plástico en el ambiente, somos parte de la solución.

Pero, muchas noticias son sensacionalistas y hacen que actores de la sociedad «odien» al plástico. Él no es el villano nº 1 del planeta. ¿Hablamos en serio? ¿Quién se pregunta por qué él está ahí? ¿Quién mira para sí mismo y percibe que podría haber evitado su presencia en las calles y playas, con solo haberlo descartado correctamente? ¿Quién analiza que debería haber invertido en la recolección selectiva, reciclado, rediseñado, o cualquier proceso que evite dejar directamente al plástico en el medio ambiente?

¿Y qué tal invertir energía para educar? Nadie piensa en eso. Demonizar es fácil, responsabilizar al plástico y esconder debajo de nuestro ombligo nuestra responsabilidad. El sensacionalismo del discurso no contribuye al entendimiento, educación y al involucramiento de los actores para las soluciones. Él nos enseña a «odiar» al plástico, saca claridad sobre nuestra responsabilidad, nos da el derecho de juzgar al plástico y nos saca el deber de rever nuestras actitudes.